Dudas
No sé si fue la melodía de tu voz
O si fue sencillamente la ginebra,
Si fueron los violines de Vivaldi en la penumbra
O tu blusa transparente y entreabierta.

No sé si mis latidos como truenos
presagiaban, irremediable, la tormenta,
O si finalmente tus encajes diminutos
También cedieron ante la ginebra.

Lo cierto es que el paisaje posterior
Era una desolada conjunción de arena
Con un sabor de pétalos ajados
Y un agrio vaho pastoso de ginebra.

Hasta hoy todavía me pregunto
Si en esa magia de tu risa plena,
En el temblor de luna de tus senos
O en el crujir azucarado de tus entretelas,
Si en tu mirada misteriosa y empañada
O en la danza enredada de tus piernas,
O en las palabras que sé que no dijiste
Hubo culpas que son de la ginebra.
Santiago.